Casa-conejo

Un conejo, clásico en los bodegones del barroco, extendido a lo largo de tres caras del volumen cerámico. La belleza como forma de encierro.

Esta casa blanca, de líneas puras y frías, alberga un cuerpo inerme: un conejo, clásico en los bodegones del barroco, que aquí se extiende a lo largo de tres caras del volumen cerámico. Su representación, precisa y silenciosa, no busca la nostalgia pictórica, sino la evocación de un imaginario doméstico donde la belleza y la violencia coexisten. 

El animal, atado por las patas, se dispone con la pasividad de aquello que ha sido resignado al adorno. Pero el gesto de la artista introduce un desplazamiento sutil: la cuerda que lo sujeta no es burda ni cruel, sino un lazo azul de terciopelo. Ese detalle, de apariencia delicada, altera toda la lectura de la pieza. La suavidad del material y la finura del nudo no atenúan la violencia, sino que la camuflan bajo el lenguaje de la ternura.

En este contraste radica el núcleo conceptual de la obra: la domesticación como forma de control afectivo. El lazo, símbolo de cariño o de regalo, revela su reverso opresivo cuando aprisiona. Así, la pieza pone en evidencia cómo, en la estructura social de la familia —ese ideal del hogar que la serie interroga—, las relaciones de cuidado pueden ser también mecanismos de sujeción.

El conejo, figura tradicional de la abundancia y la fertilidad, yace ahora inmovilizado sobre la cerámica. En su quietud se concentra la historia del hogar como escenario donde lo vivo se convierte en objeto: un lugar donde lo vulnerable se adorna para hacerlo aceptable.

La casa es un bodegón. Sus muros son la mesa donde la naturaleza, domesticada, queda inmóvil para nuestro goce y nuestra memoria.  Construir una casa es también esto: levantar un escenario donde lo salvaje se convierte en ornamento, donde la vida se amarra con cintas de terciopelo para que no escape, para que permanezca quieta bajo nuestra mirada.

La Casa Atada encuentra aquí uno de sus gestos más inquietantes: la belleza como forma de encierro.

Esta pieza posee un par digital accesible a través de un chip NFC colocado en escaneable con el móvil.

PROCESO DE ELABORACIÓN

Realización de la casa:

Amasado de la arcilla, laminado, corte de la piezas, dejar secar hasta dureza de cuero, ensamblar, dejar secar.

Cocciones:

  1. Primera cocción o bizcochado, realizada a una temperatura aproximada de 950–1000 °C, con el objetivo de endurecer la pieza y eliminar completamente la humedad de la arcilla.
  2. Segunda cocción o esmaltado, en la cual se aplicó un esmalte transparente para proteger la superficie y fijar el óxido colorante utilizado en la decoración.

La decoración está ejecutada con óxido colorante azul cobalto, aplicado mediante pincel fino sobre la superficie bizcochada antes del esmaltado. 

Acabado con esmalte transparente aplicado sobre la arcilla blanca.

La pieza mostrada es una escultura cerámica de forma prismática con techo a dos aguas, elaborada mediante la técnica de construcción por planchas de arcilla blanca. Su estructura geométrica recuerda a una pequeña casa o volumen arquitectónico.

María Parejo

Es licenciada en Bellas Artes por la Universidad de Castilla – La Mancha (Cuenca). Graduada en talla de madera, en la escuela de Artes y Oficios «Mateo Inurria» de Córdoba,  y máster de periodismo y diseño en publicaciones periódicas por la editorial “Abril” en Sao Paulo (Brasil). Expone de forma individual y colectiva desde 1998. En 2015 fundó el estudio La maquinita donde explora una forma particular de acercar, al niño y al adolescente, la sensibilidad plástica.

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