Casa-cordero

El brillo del azul cerámico, la textura matérica de la pieza y la geometría cerrada de la casa funcionan como eco contemporáneo de la iconografía barroca.

En esta pieza de la serie La Casa Atada, el hogar aparece como esa arquitectura simbólica que al mismo tiempo cobija y constriñe. Bajo su forma de casa austera y cerrada, emerge la figura de un cordero, recostado con las patas atadas, como signo de la domesticación interiorizada.

El dibujo, ejecutado en azul de cerámica, remite a la tradición del objeto doméstico —vajilla, azulejo, ornamento—, y sin embargo se transforma en signo de tensión: el cordero, animal de inocencia y sacrificio, se convierte en metáfora del individuo atrapado en las normas familiares. Referencia directa al célebre cuadro Agnus Dei (1635-1640) de Francisco de Zurbarán, donde el autor presenta precisamente un “cordero de Dios” con las patas ligadas, en una actitud pasiva y sacrificada. Museo del Prado.

La alusión a esa obra es significativa: al igual que Zurbarán utilizaba el animal para evocar lo divino y lo entregado al sacrificio, esta pieza emplea el cordero atado para señalar la entrega forzada, la obediencia aprendida, la domesticación del deseo dentro del espacio del hogar. El brillo del azul cerámico, la textura matérica de la pieza y la geometría cerrada de la casa funcionan como eco contemporáneo de aquella iconografía barroca, trasladando el sacrificio al terreno de lo cotidiano, de la familia como institución.

En el conjunto de La Casa Atada, esta obra dialoga con otras en las que animales diferentes —atados o no— cruzan las paredes de la casa-contenedor para revelar la tensión persistente entre cuidado y control, pertenencia y privación, refugio y encierro. Aquí el cordero atado no solo denuncia: su quietud habla de una conformidad interior, de la renuncia silenciosa que habita en los muros familiares.

Esta pieza posee un par digital accesible a través de un chip NFC colocado en escaneable con el móvil.

PROCESO DE ELABORACIÓN

Realización de la casa:

Amasado de la arcilla, laminado, corte de la piezas, dejar secar hasta dureza de cuero, ensamblar, dejar secar.

Cocciones:

Primera cocción o bizcochado, realizada a una temperatura aproximada de 950–1000 °C, con el objetivo de endurecer la pieza y eliminar completamente la humedad de la arcilla.

Segunda cocción o esmaltado, en la cual se aplicó un esmalte transparente para proteger la superficie y fijar el óxido colorante utilizado en la decoración.

La decoración está ejecutada con óxido colorante azul cobalto, aplicado mediante pincel fino sobre la superficie bizcochada antes del esmaltado. 

Acabado con esmalte transparente aplicado sobre la arcilla blanca.

María Parejo

Es licenciada en Bellas Artes por la Universidad de Castilla – La Mancha (Cuenca). Graduada en talla de madera, en la escuela de Artes y Oficios «Mateo Inurria» de Córdoba,  y máster de periodismo y diseño en publicaciones periódicas por la editorial “Abril” en Sao Paulo (Brasil). Expone de forma individual y colectiva desde 1998. En 2015 fundó el estudio La maquinita donde explora una forma particular de acercar, al niño y al adolescente, la sensibilidad plástica.

Casa-ciervo

Casa-conejo